miércoles, 25 de noviembre de 2009

El Oficio del Actor

Por si no conocéis este documental. Javier Bardem, Eduard Fernandez y Luis Tosar hablan del "oficio del actor" en un documental de Mariano Barroso.
Hay tan pocas oportunidades de ver y escuchar a los actores hablar de su trabajo que es de agradecer la generosidad de estos compañeros.


Un abrazo.
Ernesto Arias.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Hazlo de verdad.

Hace bastante tiempo hice una prueba para una función. Me habían enviado una escena de dos personajes y me señalaban cuál de ellos tenía que prepararme. Lo cierto es que estaba muy ilusionado con que me cogieran porque la función y el personaje me gustaban mucho, pero sobre todo admiraba el trabajo del director y estaba entusiasmado con la posibilidad de poder trabajar con él. Es decir, esa prueba me la había tomado muy en serio y la había preparado a conciencia.

Después de la típica espera, con los típicos nervios, me hacen pasar a la sala donde iba a transcurrir la audición y tras el encuentro con el director y con las personas que iban a presenciar el casting, me presentan al otro actor con el que iba a hacer la escena, nos señalan más o menos cómo es la distribución del espacio… y sin más preámbulos… hacemos la escena.

Tengo que decir que cuando hago una audición y termino la escena -o monólogo, o improvisación, o lo que me hayan mandado hacer-, siempre me quedo un segundo que no sé dónde mirar, si al “tribunal”, al director, al compañero con el que acabo de hacer la escena… no sé… me quedo un poco parado con cara de bobo sin saber dónde mirar. Ese día recuero que miré a mi compañero y me alegre de ver que me sonreía. Yo tenía la sensación de que la cosa no había ido mal del todo, y de alguna manera su sonrisa me animó a pensar que incluso había estado muy bien. El director tomó la palabra lo cual me obligo a mirarle y a sonreírle con esa sonrisa que había copiado de mi compañero.

Podéis hacerlo otra vez, por favor… pero esta vez… hacedlo más de verdad”, dijo mi admirado director.

Al oírle simplemente noté que lo que no era de verdad era la sonrisa que tenía en mi boca. Era como un pegote, como algo que no correspondía a mi estado. Quizá lo que pasó es que me ocurrió eso de que “se me congeló la sonrisa”… no sé… Lo que sí recuerdo es que… encima… mi reacción fue de sonreír más forzadamente… hasta incluso enseñar los dientes y emitir un sonido… como de risita… de risita absurda… que tras escuchármelo –yo a mí mismo- note un gran calor en mi cara y supe que me estaba poniendo de lo más colorado. De todas maneras como única respuesta di un “vale”, y volvimos a pasar la escena. No recuerdo si dio más indicaciones ni si pasamos la escena alguna vez más. Sólo recuerdo que no resulté seleccionado.

El caso es que ese “hazlo de verdad” se me quedó muy grabado. Todavía hoy me da bastante vergüenza el recordarlo. Porque claro… me pregunto ¿hay algún actor/actriz del mundo que cuando hace alguna escena no la trata de “hacer de verdad”? Yo, desde luego en esa prueba no trataba de “hacerlo de mentira”. Bueno… reconozco que en el momento de hacerlo quizá no estuviera teniendo presente el “hacerlo de una manera o de otra”, simplemente quería hacerlo bien. Pero el hecho que me dijera que lo hiciera “de verdad”, era demostración clara que cuando lo había hecho no lo había “hecho de verdad”, con lo cual lo había “hecho de mentira”, o en definitiva lo había hecho mal, o había resultado falso… no sé. Soy consciente que el hecho de querer y tratar de “hacerlo de verdad” no significa que se consiga. Seguramente ese director percibiera falsedad en mi actuación, y su indicación llevaba la mejor de las intenciones (No quiero criticarlo. Es un director al que sigo admirando mucho). La cuestión que me surge es: En Teatro ¿qué es “hacerlo de verdad”? O dicho de otro modo, ¿qué podía haber hecho yo con esa indicación?

Pienso en todo esto porque hace unos días recibí un email de una actriz que me planteaba lo siguiente: Me gustaría saber cómo hacer para que mis actuaciones sean reales.

No supe muy bien que contestarle porque, vamos a ver: actuación y realidad ¿no son dos términos paradójicos, contradictorios?

Que la frontera entre actuación y realidad sea imperceptible parece ser que es donde reside, en esencia, el trabajo del actor/actriz (mi admirado director creo que reclamaba precisamente eso, que mi actuación no pareciera una actuación, si no que pareciera real). A partir de esa cuestión no se ha parado –en diferentes épocas, en distintos lugares – de escribir libros, establecer teorías, proponer caminos, crear métodos y técnicas, etc.

He leído algo sobre el tema y puedo concluir que cuando se habla del primer término-actuación- no suele haber demasiados líos; es como si todos estuvieran de acuerdo a lo que se refiere. El problema surge cuando se habla del otro término –realidad -, y claro “lo real”, “lo verdadero”, son términos un poco confusos. Con lo cual los teóricos tratan primeramente de establecer lo que es claramente eso de “ser real”, de “hacerlo de verdad”. Y proponen otros términos, como ser “creíble”, “natural”, “verosímil”, “auténtico”, “veraz”, “verdadero”, “convincente”… Y claro… claro… aquí estamos los actores pensando: “sí, sí llamadlo como queráis, pero ¿cómo puedo hacer para que mis actuaciones sean más reales, o creíbles, o verosímiles, o veraces, o auténticas, etc.?

La cosa no acaba ahí, porque alguien (no tengo ni idea de quién… quizá Stanislavsky, que fue el primero en tantas cosas) en algún momento aportó un punto de vista que creo que hoy está bastante aceptado: que cada función teatral tiene la intención de contar o transmitir algo, y para ello cada función teatral conlleva una propuesta de estilo y una propuesta estética… entonces… el actor/actriz debe ser verosímil (verdadero, auténtico, convincente, creíble etc.) en el marco de esas propuestas.

¡Joder, qué lio! ¿Y eso cómo se hace?

Pero la cosa no acaba ahí… porque hace poco otro director me expuso lo siguiente: “La idea de verosímil en realidad también es una convención. Por ejemplo, Margarita Xirgu en su época resultaba verosímil, pero si hoy escuchamos una grabación suya nos resultará incluso ridículo”. Pues es verdad… he tenido ocasión de escuchar una grabación de Margarita Xirgu y “de verdad” tiene poco.

Es decir que “hacerlo de verdad” no sólo depende de la propuesta de estilo y estética de la puesta en escena, si no también hay otros factores, por ejemplo lo que hoy en día se considera “de verdad”, que a lo mejor en el pasado –o en el futuro- no es así. No sólo me estoy aclarando. Me estoy liando cada vez más. Yo sólo quiero saber ¿hoy en día cómo hay que hacerlo para que se considere “de verdad”?

Tiempo después volví a ver una película que se llama “Adiós a mi concubina”. En una secuencia un gran entendido –en ópera china- está enormemente sorprendido con la actuación del actor que interpreta el papel de concubina en la ópera; otro personaje al verlo tan sorprendido le dice: “Juzgue usted mismo, ¿acaso no ha hecho imperceptible la diferencia entre el Teatro y la Vida? ¿Entre lo masculino y femenino?

Espera… espera…. bueno, yo reconozco que no tengo ni idea sobre Ópera China… pero ¿imperceptible la diferencia entre el Teatro y la Vida? Pero si precisamente la Ópera de Pekín me parece de lo más “teatral” y alejado de la “vida”; con esos trajes, de tantos colores, maquillajes como máscaras, cantando con chillidos muy agudos y chirriantes… “¿cómo la vida?”… No… eso no. Yo no niego que el actor puede estar siendo “verosímil dentro del estilo y estética”, y sí que emociona su feminidad… ¡Ah, claro, claro… debe ser que en esa época existía la convención que así había que hacerlo, para hacerlo “de verdad”… pero… un momento… la acción de la película arranca en 1925… y avanza un poco más de la llegada del comunismo a China por 1949… más o menos en la misma época en la que Margarita Xirgu estaría triunfando… ¡joder!, ¡Pues, esa manera de interpretar, no tiene nada que ver con cómo lo hacía Margarita Xirgu! La convención entonces no sólo depende de la época, sino también del entorno “social y cultural”… y claro debe ser que “en aquella época”, “en china” (que no en España) se daba la convención de que “la vida” en escena se debía representarse así.

Lo entiendo… lo entiendo… Pero vamos a ve: yo entiendo las propuestas escénicas, soy hijo de mi tiempo y de mi realidad social y cultural… lo entiendo todo…pero el entenderlo no me ayuda a que mis actuaciones sean más “de verdad”.

Además, ocurre una cosa: cuando asisto como espectador a una función tengo un criterio claro para distinguir entre las distintas actuaciones, calificándolas en “verdaderas” o “falsas”. Pero si soy yo el que actúo… eso es otra cosa. Ahí es imposible tenerlo claro.

Me temo que nadie ha dado con la fórmula que garantice ese “hacerlo de verdad”, esa “actuación real”… y menos mal que es así. Porque si se diera con esa fórmula, todos los actores/actrices la aplicarían y eso provocaría anular el misterio de la actuación e interpretación, y el Teatro dejaría de interesar.

Además creo que simplemente esa fórmula no existe. Y no existe porque los actores y actrices somos de muy diferente naturaleza, y lo que le sirve o es útil para uno, a otro le puede resultar inútil; y lo que para uno es absurdo, para otro es fundamental. Nuestras diferentes naturalezas -como actores y como personas- producto de nuestras diferentes vivencias, distintas experiencias, de nuestro diferente recorrido, en definitiva de nuestras originales, singulares y exclusivas vidas, imposibilitan que pueda existir una única fórmula (o método, o sistema, o manera de trabajar etc.) que garantice que la “actuación sea verdadera”.

¿Significa que lo mejor que podemos hacer es abandonar la cuestión? No, al contrario, creo que cada actor/actriz debe realizar su propia búsqueda, andar su propio camino. Y seguro que cada uno puede encontrar su “fórmula”; pero será suya y sólo suya.

Por eso creo que se puede teorizar, debatir, discutir, proponer, etc. pero no concluir, ni dogmatizar. Algo que posiblemente pueda ayudar es “compartir experiencias”. Este blog es un intento de ello, pero desde luego sé perfectamente que lo que expongo aquí puede resultar absurdo para otro. Y me gusta que sea así. No hay que olvidar que la imposibilidad de que haya una “única manera” es lo que mantiene el misterio de nuestro trabajo.

Un abrazo.

Ernesto Arias.