martes, 31 de marzo de 2009

Téncia, Ejercicio y bloqueo.

Siempre me he preguntado sobre la manera de adquirir una buena Técnica en mi trabajo como actor. Pero tengo que reconocer que cuando comencé a hacer Teatro ni siquiera sabía qué era eso: La Técnica.

Según el diccionario, Técnica es el algo así como el conocimiento de recursos y procedimientos en una ciencia o arte, además de la pericia y habilidad para usar esos procedimientos. Es decir por una parte está el conocimiento y el saber, y por otra el hacer y manejar. Esto me hizo recordar una frase de Stanislavsky, que había leído en alguno de sus libros que decía: En Teatro “saber” es “poder hacer”.

Tiempo más tarde un Maestro- con el que trabajé durante breve tiempo-  habló sobre la diferencia entre la forma de aprendizaje de Oriente y Occidente. Parece ser que en Oriente al alumno no se le explican demasiadas cosas, simplemente se le dice que las haga, y a fuerza de hacerlas muchas veces, él mismo descubrirá y entenderá su utilidad; y en Occidente –según este Maestro- primero se intenta que el alumno  “las entienda” para así asumirlas. Recuerdo que alguien le preguntó cuál de las dos maneras consideraba mejor, y él más o menos respondió que somos “Cuerpo” y “Mente” y que las cosas que queramos que entienda el Cuerpo no hay que perder el tiempo haciéndoselas entender a la Mente; y añadió: “La Mente tiene que saber y el Cuerpo tiene que poder hacer”.

Quizá tener clara la diferencia entre el “saber” y el “poder hacer”, pueda mostrar el camino al actor/actriz para adquirir su Técnica (por ejemplo no es lo mismo “saber” el texto que “poder manejar” el texto).

La cuestión es que el hecho de entender un acto (o acción, o movimiento, etc.) no significa que se pueda ejecutar. (Todo esto es un poco “de Perogrullo”… pero no sé porque tengo la necesidad de exponerlo). Para poder ejecutar un acto no hay que esperar a entenderlo –ya que eso no significa que puedas llegar a hacerlo-, hay que intentar realizarlo, sin más; y si no se consigue, hay que volver a intentarlo, si aun así no se logra, hay que hacerlo otra vez, y así sucesivamente hasta que se consigue realizar. Todo ese proceso es, a mi entender, el Ejercicio. Es decir la finalidad del Ejercicio es la de “poder hacer”, y para “poder hacer” no hay otro camino que el Ejercicio.

La pregunta que surge es evidente: “¿Qué es lo que el actor tiene que “poder hacer”, para así poder “ejercitarlo”? Los teóricos, los críticos, los profesores, los directores deben saber, pero no es necesario que “puedan hacer”, sin embargo es evidente que el actor debe “poder hacer”.

Según Declan Donellan –en su libro “El Actor y la Diana”- la diferencia de calidad entre una representación y otra reside –no en la técnica- sino en la fuente de vida: cuanta más vida esté presente en una obra de arte, mayor será la calidad de ese arte. Según esto lo que el actor tiene que “poder hacer” es “llenar de vida” su actuación; pero el mismo Donellan añade: la vida es misteriosa y trasciende la lógica, por lo cual, lo que está vivo no puede ser analizado, enseñado ni aprendido. Pero esas “cosas” que aparentemente imposibilitan la vida, o parecen encubrirla o bloquearla, no son ni lejanamente tan misteriosas como pretenden. Estas “cosas” están a menudo sujetas a la lógica y pueden ser analizadas, aprendidas y desaprendidas. Es decir, lo importante no es cómo llenamos de vida una actuación sino descubrir esas “cosas” que nos impiden que nuestra actuación esté cargada de vida.

Descubrir lo que nos bloquea no es fácil; es difícil ser objetivo con uno mismo. Muchos de esos bloqueos vienen de la “mente”, de puntos de vista desacertados, miedos, temores, nervios, etc; esos son peligrosos porque ¿cómo saber a ciencia cierta si nuestro punto de vista es acertado o no,? o ¿cómo liberarnos de nuestros miedos? El arma para este tipo de bloqueos es el Entrenamiento; donde se contrastan maneras, se prueban posibilidades, se indagan en nuevos puntos de vista, etc.

Otros bloqueos residen en el “cuerpo”; y a veces también resultan difíciles de descubrir ya que son inconscientes. Son tensiones en sitios insospechados, hábitos contraproducentes, musculatura poco desarrollada (entiendo la imaginación como un músculo) etc. El arma para este tipo de bloqueos es el Ejercicio.

Muchas veces cuando nos señalan o descubrimos una de esas “cosas” que bloquean la “carga de vida” en nuestra actuación nos deprimimos y nos sentimos malos actores; sin embargo ese descubrimiento es el  primer paso para mejorar. En realidad el ejercicio más eficaz es el que uno crea o inventa para resolver un tipo de boqueo que ha descubierto.

Todos tenemos bloqueos, es bueno asumirlo; si dijera lo contrario sería afirmar que no se puede mejorar; y siempre se puede mejorar, siempre se puede ser mejor actor de lo que se es. Nunca se llega a la perfección; no existe.

Un abrazo.

Ernesto Arias.

lunes, 23 de marzo de 2009

La necesidad del Entrenamiento en la Formación del Actor

No conozco a ningún actor/actriz que no quiera ser mejor de lo que es; todos tratamos de progresar, de crecer, de ser cada vez mejores. La cuestión de siempre es: ¿qué hacer para ello?

Una vez pregunté a un actor, con muchos años de oficio, qué debía hacer un actor para ser cada vez mejor: "Todo se reduce al talento y oficio. Si tiene talento, la experiencia que vaya adquiriendo será lo que le haga mejorar”, me contestó…  y añadió: “En la medida de lo posible trata de ser tú quien maneje y controle tu carrera profesional, porque en definitiva serás producto de tu experiencia”.

En el aprendizaje de cualquier actividad “la experiencia” es fundamental… y esta sólo se adquiere ejerciendo esa actividad. Ahora bien respecto al Teatro ¿deben los caprichos del mercado teatral condicionar la adquisición de “la experiencia”? ¿Cómo seguir el consejo de ese experimentado actor si, en realidad, uno no puede controlar las ofertas de trabajo que le llegan?

Siempre trato de entender y diferenciar los aspectos en los que tengo algún margen de decisión, manejo y control, y en los que no. No puedo decidir las ofertas de trabajo que me hacen, sólo puedo aceptarlas o rechazarlas. Si mi actividad teatral se reduce a realizar lo mejor posible las ofertas que acepto, tendré muy poco control y manejo en “mi experiencia teatral”, no seré dueño de ella, estaré a expensas de lo que me vayan ofreciendo. Pero en lo que sí tengo posibilidad de incidir es en mi Entrenamiento.

El Entrenamiento es el único medio que se me ocurre para, de alguna manera, tener algo de control en “la experiencia que quiero adquirir”; y desde ese punto de vista se me hace fundamental en la Formación del Actor. Trabajando (ensayando y actuando) por supuesto que estaré adquiriendo experiencia, pero entrenando es evidente que también. La combinación de ambos aspectos creo que es lo ideal para mejorar como actor/actriz.

Entrenamiento es darse la posibilidad de probar a hacer cosas sin miedo a equivocarse, sin tener en cuenta la responsabilidad de la presentación en público; indagar  y experimentar en nuevas maneras de enfrentarse con el trabajo tratando de descubrir nuevas técnicas y distintos puntos de vista; regalarse la oportunidad de enfrentarse a un tipo de personaje que no te suelen ofrecer, o un autor que nunca has frecuentado, o un “código teatral” que no conoces; practicar y profundizar en lo que crees para ir afinando la técnica propia; adiestrarse en otras disciplinas viendo cómo pueden enriquecer tu trabajo…  y un largo etc.

No me atrevo a opinar cuál es la mejor manera de entrenar o de organizar un Entrenamiento. Supongo que cada actor/actriz debe ir creando su propio recorrido. Pero lo que sí que creo es que es importante dedicar una gran atención a ese recorrido… concienzudamente...  con cariño y disciplina...  con placer y con intensidad... divirtiéndose y arriesgándose,... con interés, rigor, empeño y voluntad... con regocijo, deleite, amor y pasión.

Cuidando y cultivando mi Entrenamiento, me estaré cuidando y cultivando como Actor.

Un abrazo.

Ernesto Arias.

domingo, 1 de marzo de 2009

La atención y actitud del actor durante los Ensayos.

Me gusta Ensayar. No sé por qué... Es como la preparación para el juego.  Recuerdo que cuando era niño a veces me lo pasaba mejor haciendo los preparativos para el juego, que en el juego mismo. Considero algo muy mágico y hermoso el hecho de que un equipo de gente se reúna durante un determinado tiempo, en un espacio y dedique su energía, técnica, atención, esfuerzo etc. a la creación de un espectáculo teatral que ofrecer al público.

Muchas veces se ha hablado del conflicto de actor intuitivo o actor técnico. Soy de los que creo en la “intuición” sostenida por la “técnica”. Pero la técnica se aprende y adquiere en el ejercicio y entrenamiento, no durante los Ensayos. En los ensayos es el momento para dar rienda suelta a la intuición y  la imaginación; el actor debe dejarse llevar por ellas y confiar en ellas; para poder jugar de una manera plena, para atreverse a hacer cosas sin necesidad de pensarlas previamente, y disfrutar de la sorpresa del hallazgo, y del desechar la locura gratuita. Cuando uno empieza a ensayar no debe preocuparse si tiene técnica o no; si la tiene bien, y si no la tiene no la va a adquirir en el mes y medio o dos meses que pueden durar los ensayos. Toda la atención durante los ensayos a la técnica es tiempo perdido, y además peligroso  porque se puede convertir en un miedo del que luego es muy difícil librarse.  

Por eso en el Ensayar  hay momentos de Estudio y momentos de Ensayo. “El Estudio”, engloba la memorización del texto, el conocimiento de la estructura textual, la visualización de las imágenes, el pensar en posibilidades de acciones, actividades o necesidades para el personaje etc. pero cuando se llega al Ensayo no hay que tener en cuenta nada de esto; si se ha hecho un buen Estudio todo estará a disposición para cuando intuitivamente lo necesitemos.

Siempre hay problemas con la memorización del texto. El texto se debe memorizar durante el Estudio para que durante el Ensayo no se tenga que estar pendiente de él. Si durante el Ensayo se está pensando en el texto se estará cortando la creatividad. Me produce una incomodidad tremenda cuando estoy ensayando una escena y no puedo jugarla al máximo porque estoy pendiente del texto.

El Estudio es responsabilidad del Actor. El Ensayo es el momento de los acuerdos, con el director, con los compañeros  y con los demás profesionales, por eso hay que tener una actitud muy abierta, humilde y tolerante. Muchas veces la mejor opción es simplemente la que más consenso tiene. Creo que fue Brook quien dijo: "Defiendelo con pasión, abandónalo con ligereza". 

Cuando recibo una indicación que a primera vista me parece imposible ajustar o compaginar con cualquier otra cuestión, trato de permitirme el lujo de probarlo, porque al fin y al cabo puedo estar equivocado; además nunca hay que olvidar que en Teatro todo es posible.

Un abrazo.

Ernesto Arias.