lunes, 9 de noviembre de 2009

Hazlo de verdad.

Hace bastante tiempo hice una prueba para una función. Me habían enviado una escena de dos personajes y me señalaban cuál de ellos tenía que prepararme. Lo cierto es que estaba muy ilusionado con que me cogieran porque la función y el personaje me gustaban mucho, pero sobre todo admiraba el trabajo del director y estaba entusiasmado con la posibilidad de poder trabajar con él. Es decir, esa prueba me la había tomado muy en serio y la había preparado a conciencia.

Después de la típica espera, con los típicos nervios, me hacen pasar a la sala donde iba a transcurrir la audición y tras el encuentro con el director y con las personas que iban a presenciar el casting, me presentan al otro actor con el que iba a hacer la escena, nos señalan más o menos cómo es la distribución del espacio… y sin más preámbulos… hacemos la escena.

Tengo que decir que cuando hago una audición y termino la escena -o monólogo, o improvisación, o lo que me hayan mandado hacer-, siempre me quedo un segundo que no sé dónde mirar, si al “tribunal”, al director, al compañero con el que acabo de hacer la escena… no sé… me quedo un poco parado con cara de bobo sin saber dónde mirar. Ese día recuero que miré a mi compañero y me alegre de ver que me sonreía. Yo tenía la sensación de que la cosa no había ido mal del todo, y de alguna manera su sonrisa me animó a pensar que incluso había estado muy bien. El director tomó la palabra lo cual me obligo a mirarle y a sonreírle con esa sonrisa que había copiado de mi compañero.

Podéis hacerlo otra vez, por favor… pero esta vez… hacedlo más de verdad”, dijo mi admirado director.

Al oírle simplemente noté que lo que no era de verdad era la sonrisa que tenía en mi boca. Era como un pegote, como algo que no correspondía a mi estado. Quizá lo que pasó es que me ocurrió eso de que “se me congeló la sonrisa”… no sé… Lo que sí recuerdo es que… encima… mi reacción fue de sonreír más forzadamente… hasta incluso enseñar los dientes y emitir un sonido… como de risita… de risita absurda… que tras escuchármelo –yo a mí mismo- note un gran calor en mi cara y supe que me estaba poniendo de lo más colorado. De todas maneras como única respuesta di un “vale”, y volvimos a pasar la escena. No recuerdo si dio más indicaciones ni si pasamos la escena alguna vez más. Sólo recuerdo que no resulté seleccionado.

El caso es que ese “hazlo de verdad” se me quedó muy grabado. Todavía hoy me da bastante vergüenza el recordarlo. Porque claro… me pregunto ¿hay algún actor/actriz del mundo que cuando hace alguna escena no la trata de “hacer de verdad”? Yo, desde luego en esa prueba no trataba de “hacerlo de mentira”. Bueno… reconozco que en el momento de hacerlo quizá no estuviera teniendo presente el “hacerlo de una manera o de otra”, simplemente quería hacerlo bien. Pero el hecho que me dijera que lo hiciera “de verdad”, era demostración clara que cuando lo había hecho no lo había “hecho de verdad”, con lo cual lo había “hecho de mentira”, o en definitiva lo había hecho mal, o había resultado falso… no sé. Soy consciente que el hecho de querer y tratar de “hacerlo de verdad” no significa que se consiga. Seguramente ese director percibiera falsedad en mi actuación, y su indicación llevaba la mejor de las intenciones (No quiero criticarlo. Es un director al que sigo admirando mucho). La cuestión que me surge es: En Teatro ¿qué es “hacerlo de verdad”? O dicho de otro modo, ¿qué podía haber hecho yo con esa indicación?

Pienso en todo esto porque hace unos días recibí un email de una actriz que me planteaba lo siguiente: Me gustaría saber cómo hacer para que mis actuaciones sean reales.

No supe muy bien que contestarle porque, vamos a ver: actuación y realidad ¿no son dos términos paradójicos, contradictorios?

Que la frontera entre actuación y realidad sea imperceptible parece ser que es donde reside, en esencia, el trabajo del actor/actriz (mi admirado director creo que reclamaba precisamente eso, que mi actuación no pareciera una actuación, si no que pareciera real). A partir de esa cuestión no se ha parado –en diferentes épocas, en distintos lugares – de escribir libros, establecer teorías, proponer caminos, crear métodos y técnicas, etc.

He leído algo sobre el tema y puedo concluir que cuando se habla del primer término-actuación- no suele haber demasiados líos; es como si todos estuvieran de acuerdo a lo que se refiere. El problema surge cuando se habla del otro término –realidad -, y claro “lo real”, “lo verdadero”, son términos un poco confusos. Con lo cual los teóricos tratan primeramente de establecer lo que es claramente eso de “ser real”, de “hacerlo de verdad”. Y proponen otros términos, como ser “creíble”, “natural”, “verosímil”, “auténtico”, “veraz”, “verdadero”, “convincente”… Y claro… claro… aquí estamos los actores pensando: “sí, sí llamadlo como queráis, pero ¿cómo puedo hacer para que mis actuaciones sean más reales, o creíbles, o verosímiles, o veraces, o auténticas, etc.?

La cosa no acaba ahí, porque alguien (no tengo ni idea de quién… quizá Stanislavsky, que fue el primero en tantas cosas) en algún momento aportó un punto de vista que creo que hoy está bastante aceptado: que cada función teatral tiene la intención de contar o transmitir algo, y para ello cada función teatral conlleva una propuesta de estilo y una propuesta estética… entonces… el actor/actriz debe ser verosímil (verdadero, auténtico, convincente, creíble etc.) en el marco de esas propuestas.

¡Joder, qué lio! ¿Y eso cómo se hace?

Pero la cosa no acaba ahí… porque hace poco otro director me expuso lo siguiente: “La idea de verosímil en realidad también es una convención. Por ejemplo, Margarita Xirgu en su época resultaba verosímil, pero si hoy escuchamos una grabación suya nos resultará incluso ridículo”. Pues es verdad… he tenido ocasión de escuchar una grabación de Margarita Xirgu y “de verdad” tiene poco.

Es decir que “hacerlo de verdad” no sólo depende de la propuesta de estilo y estética de la puesta en escena, si no también hay otros factores, por ejemplo lo que hoy en día se considera “de verdad”, que a lo mejor en el pasado –o en el futuro- no es así. No sólo me estoy aclarando. Me estoy liando cada vez más. Yo sólo quiero saber ¿hoy en día cómo hay que hacerlo para que se considere “de verdad”?

Tiempo después volví a ver una película que se llama “Adiós a mi concubina”. En una secuencia un gran entendido –en ópera china- está enormemente sorprendido con la actuación del actor que interpreta el papel de concubina en la ópera; otro personaje al verlo tan sorprendido le dice: “Juzgue usted mismo, ¿acaso no ha hecho imperceptible la diferencia entre el Teatro y la Vida? ¿Entre lo masculino y femenino?

Espera… espera…. bueno, yo reconozco que no tengo ni idea sobre Ópera China… pero ¿imperceptible la diferencia entre el Teatro y la Vida? Pero si precisamente la Ópera de Pekín me parece de lo más “teatral” y alejado de la “vida”; con esos trajes, de tantos colores, maquillajes como máscaras, cantando con chillidos muy agudos y chirriantes… “¿cómo la vida?”… No… eso no. Yo no niego que el actor puede estar siendo “verosímil dentro del estilo y estética”, y sí que emociona su feminidad… ¡Ah, claro, claro… debe ser que en esa época existía la convención que así había que hacerlo, para hacerlo “de verdad”… pero… un momento… la acción de la película arranca en 1925… y avanza un poco más de la llegada del comunismo a China por 1949… más o menos en la misma época en la que Margarita Xirgu estaría triunfando… ¡joder!, ¡Pues, esa manera de interpretar, no tiene nada que ver con cómo lo hacía Margarita Xirgu! La convención entonces no sólo depende de la época, sino también del entorno “social y cultural”… y claro debe ser que “en aquella época”, “en china” (que no en España) se daba la convención de que “la vida” en escena se debía representarse así.

Lo entiendo… lo entiendo… Pero vamos a ve: yo entiendo las propuestas escénicas, soy hijo de mi tiempo y de mi realidad social y cultural… lo entiendo todo…pero el entenderlo no me ayuda a que mis actuaciones sean más “de verdad”.

Además, ocurre una cosa: cuando asisto como espectador a una función tengo un criterio claro para distinguir entre las distintas actuaciones, calificándolas en “verdaderas” o “falsas”. Pero si soy yo el que actúo… eso es otra cosa. Ahí es imposible tenerlo claro.

Me temo que nadie ha dado con la fórmula que garantice ese “hacerlo de verdad”, esa “actuación real”… y menos mal que es así. Porque si se diera con esa fórmula, todos los actores/actrices la aplicarían y eso provocaría anular el misterio de la actuación e interpretación, y el Teatro dejaría de interesar.

Además creo que simplemente esa fórmula no existe. Y no existe porque los actores y actrices somos de muy diferente naturaleza, y lo que le sirve o es útil para uno, a otro le puede resultar inútil; y lo que para uno es absurdo, para otro es fundamental. Nuestras diferentes naturalezas -como actores y como personas- producto de nuestras diferentes vivencias, distintas experiencias, de nuestro diferente recorrido, en definitiva de nuestras originales, singulares y exclusivas vidas, imposibilitan que pueda existir una única fórmula (o método, o sistema, o manera de trabajar etc.) que garantice que la “actuación sea verdadera”.

¿Significa que lo mejor que podemos hacer es abandonar la cuestión? No, al contrario, creo que cada actor/actriz debe realizar su propia búsqueda, andar su propio camino. Y seguro que cada uno puede encontrar su “fórmula”; pero será suya y sólo suya.

Por eso creo que se puede teorizar, debatir, discutir, proponer, etc. pero no concluir, ni dogmatizar. Algo que posiblemente pueda ayudar es “compartir experiencias”. Este blog es un intento de ello, pero desde luego sé perfectamente que lo que expongo aquí puede resultar absurdo para otro. Y me gusta que sea así. No hay que olvidar que la imposibilidad de que haya una “única manera” es lo que mantiene el misterio de nuestro trabajo.

Un abrazo.

Ernesto Arias.

8 comentarios:

  1. Gran cuestión Ernesto... mañana termino un curso con una coaching de cine norteamericana discípula del coaching de Robert de Niro entre otros que ha escrito un libro titulado Stop-acting, en resumen se trata de encontrar las cualidades únicas de cada actor y potenciarlas en cada interpretación, creando siempre los personajes a partir de estas cualidades actorales únicas ( que previamente hay que encontrar y creer en ellas) y sin preconcebir un resultado.

    Escucharse siempre dentro ( y al compañero) y testar el estado personal en cada segundo e impregnarse de él, no es nada psicológico más bien físico o psico-físico.

    Se busca la unicidad de cada actor si estás mareado o muy feliz no tienes que querer taparlo sino aceptarlo y utilizarlo.

    Según esta teoría, el estar vinculado totalmente con como uno se siente en el momento de la actuación, dota de autenticidad y originalidad al personaje, da igual cuales sean las circunstancias y los objetivos del personaje siempre son aprovechables y hace la interpretación única e inimitable, porque nunca la forma esta preconcebida.

    Esta forma... a mi parecer en el cine y la televisión puede funcionar muy bien pero en el teatro... mmm, creo que puede ser útil pero tiene fisuras grandes ... Aún así el curso ha sido enriquecedor para mi, que nunca había hecho uno parecido pero otro día que tengo sueño.

    Pero la verdad desgraciadamente no es tarea únicamente del transmisor sino también del espectador y lo que para ti es verdad para mí puede ser falso, tiene que ver mucho con que se produzca o no identificación con el personaje-actor, te conmueva o no, te interese o no y hay verdades que no son interesantes, por ejemplo a mi un actor que llora de mocos y lágrimas en teatro más de 10 s me distancia y empiezo a ver al actor y no al personaje, casi siempre... bah! yo que sé es un lío... me voy a la cama.

    Un beso maravilla!

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  2. Siempre das en el clavo !!! o en un buen clavo.
    Pues si, tal vez se trate de que tu verdad sea comprendida por más gente... tal vez eso ocurre cuando vives y actuas (en la vida y en el escenario) de acuerdo con tu propia verdad. Vamos que lo mejor es hacer las cosas como a uno le da la gana todo el tiempo!
    Un abrazo Ernest !

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  3. A ver si me explico...
    Como en todas, nos empujas al escenario del blog, con cosas que decir, inconexas, que se conforman a sí mismas según vamos escribiendo, según se escuchan.

    Ahora estoy, junto con otros compañeros en un proceso de ensayo para montar una función. Justo ahora, me cuestionaba lo placentero y trabajoso que és ir descubriendo cómo se cuenta la historia: placentero por una serie de razones, y trabajaso porque se tiene que descubrir, no se sabe lo que la historia necesita de lo que tú puedes darle y se va manifestando por sí sola. Si estás atento, la propia historia conecta o no con lo que tú trabajas, y te lo dice. En este sentido, a medida que tu relación con la historia que estás contando va siendo más amplia, más compleja, más profunda, más encontramos la visión de los fotogramas, los resortes, los impulsos, la conexión con la verdad de la historia, en definitiva.

    Así, nuestra verdad será una verdad presente, que nosotros hemos descubierto de lo que la historia nos dice, y de entre lo que nos dice, lo que somos capaces de ver.

    Así, hubiera sido imposible hacer de verdad nada en una prueba para esta función, ya que nuestra verdad es fruto de un proceso de vislumbramiento, paciente.

    Supongo que la amplitud con la que un actor debe trabajar en una audición es fruto del proceso de vislumbramiento que éste a tenido de su propio SER como actor, de su conocimiento de sí mismo, de su técnica, en definitiva; pero aun así, es imposible que nada de lo que haces sea verdad, si con la verdad a la que te refieres no has tenido relación, si no has bailado con la historia que tienes que contar, si no has hablado con ella por las noches, si no te ha dicho qué quiere de tí, si no la has entendido.

    Supongo que ni ese director, ni ninguno deberían ser tan osados al valorar. En otros países se pagan los castings, se establecen diálogos, se habla antes de la audición al menos, y ésto hace que se establezca un mínimo conocimiento de la verdad a contar, de la verdad con la que conectar.

    Así lo veo, así me pasa a mí.

    Gracias.

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  4. Creo que cuando se nos demanda desde fuera que lo hagamos "más de verdad" lo que se está pidiendo es que se lo hagamos creer; que les hagamos soñar, escapar de la realidad. No que sea de verdad para uno, entonces nos tendrían que llevar al loquero. Todo lo contrario, hay que mentir como un bellaco para que se lo crean, y tener placer, mucho placer mintiendo, jugando a ser otro. Para eso hay que estudiar bien cómo es la realidad y así mentir lo mejor posible y llenar nuestra interpretación de matices inteligentes. También es necesario saber manejar nuestro instrumento, el cuerpo, la voz..., para ponerlos al servicio de la expresión. La verdad del teatro es que es teatro. Puro juego. Otra cosa es el código teatral. Puede ser tan creíble una obra de la Ópera de Pequín, de teatro No, o de tragedia griega (con un código mas expresionista), como un Chejov de lo más realista (siempre que se habite y sostenga por toda la puesta en escena y sus actores). La poesía es importante también en el teatro, y la poesía no es algo cotidiano o realista. La verdad del teatro en sus ingredientes lleva grandes dosis de poesía y rítmo, manejo del rítmo. Cosa fundamental es desaparecer, quitarse del medio, que no se nos vea. Acción, desaparecer en la acción. Besos, e.

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  5. Muy interesante todo...la propuesta del director, la respuesta de tu compañero...tu reacción y por supuesto, las preguntas que nos lanzamos: ¿cómo vamos a actuar de verdad si la actuación es en verdad una gran mentira? Yo creo que el quiz de la cuestión es que con la verdad personal de cada uno, que en unos es más comprometida, en otros más o menos creible, en unos más cercana y en otros más "tramposa"...de lo que se trata, en mi modesta opinión, es de que sea el espectador quien perciba eso como algo verdadero, lo cual no quiere decir que nosotros los actores lo hagamos con "esa verdad", con cúal, con la nuestra? con la del personaje? con la que el director quiere? No! si no de verdad o de mentira lo que debemos es transmitirle al público que eso que contempla sucede como algo verdadero. hay que saber mentir muy bien para ello, que en definitiva es nuestro oficio. Siempre y cuando observemos la realidad que nos rodea y sepamos reflejarla haremos que todo lo que contemos sea creíble.Aunque sea falso.
    besos!!

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  6. Un beso Ernesto...estoy de acuerdo, hay tantas verdades como actores y puede que ninguna se parezca, aún teniendo el mismo "método" o tendencia interpretativa. Viva la Xirgu! que dejaba todas las entonaciones arriba y levantaba teatros enteros...hoy se lucha por lo contrario desde otras verdades, quien encuentre la verdad...por favor que me avise...Un abrazo.

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  7. Antes de nada tiene que quedar claro que soy director y mi trabajo consiste en ser un facilitador del proceso de trabajo de los actores y por eso tengo una posición diferente a la de ellos, pero totalmente complementaria.
    Un médico es capaz de decir porqué alguien ha muerto pero en ningún caso porque alguien está vivo. Ese es precisamente el secreto de todo. Todas las tentativas de nuestro arte consiste en “estar vivo” dentro de unas circunstancias ficticias, pero ese estar vivo no equivale a realidad sino a algo mucho más sutil, a una suerte de presencia (hay que notar que presencia y presente tienen una misma base) que siempre está cambiando, como la vida misma pero no hay que comparar la vida con la Vida que es algo mucho más indefinido y sutil.
    La gran putada del actor es que su instrumento de trabajo no está separado de él sino que su instrumento es el mismo con lo que su percepción de lo que está haciendo puede ser bastante engañosa. Lo que si tengo muy claro del trabajo del actor es que tiene que dominar perfectamente las dos herramientas de su trabajo: espacio y tiempo (espero que alguien se dé cuenta de que no incluyo la emoción) y es a partir de trabajar en profundidad esos elementos concretos y visibles desde donde podemos esperar (y encomendarnos a Dionisos) que se revele esa forma invisible que realmente hace que parezca, que no que sea, Verdad.
    Y hay otro punto que realmente creo que tiene una importancia especial: la fe escénica. Esa capacidad innata de “creer en” (que no “creérselo”) que realmente, por experiencia, distingue a esos actores que sin tener recursos más desarrollados que otros muchos, resultan a todas luces “más veraces”. Posiblemente radique ahí el verdadero talento

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  8. Me gustaría comentar un par de cosas, si se me permite: una tiene que ver con el vocabulario común entre directores-actores. Cuando uno trabaja con un director más de una vez, de alguna manera se establece un vocabulario común que permite la mejor adaptación de lo que uno hace a lo que el director quiere. Pero la primera vez, como nuestro oficio está lleno de términos subjetivos como "verdad", "real", "elocuente", "privilegiar", "juégalo más"... es fácil que entre el director y el actor se establezca una comunicación no todo lo eficaz que debería. Estaría bien que la profesión tuviera un vocabulario común que ahorrara tiempo y nos permitiera adaptarnos más los unos a los otros. En el ámbito técnico sucede, y es envidiable.
    En cuanto al tema de la realidad, mi granito de arena lo pongo en el compañero. Si actúo para provocar algo, si espero una respuesta y no estoy centrado en mí, la experiencia me demuesta que mi intepretación está más en ese presente, en ese aquí y ahora. Tan simple y tan complejo.
    Un abrazo

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