martes, 10 de febrero de 2009

La formación continua del actor (ejercicio, entrenamiento, ensayo y actuación).

Soy de los que creo que la formación del actor  no finaliza con la conclusión de los estudios en una Escuela de Teatro. En mi opinión la formación del actor debe ser continua.

Seguramente hay actores que no opinan de la misma manera y defienden que, una vez finalizados los cuatro o cinco años que suele durar el proceso en una Escuela, lo que se debe hacer es tratar de trabajar lo más posible para adquirir la máxima experiencia y que de esa manera ya se producirá una evolución natural. Con esto no estoy en desacuerdo del todo, evidentemente cuanto más trabajo más experiencia se adquiere, más “oficio” como suele decirse.

Pero atender sólo a este aspecto lo considero peligroso; porque “el mercado” es caprichoso y tal vez no sea bueno abandonarse a su suerte.

Desde mi punto de vista el actor debe atender a cuatro aspectos, que creo que engloban todo lo que sería la ocupación del actor: ejercicio, entrenamiento, ensayo y actuación. Opino que el actor o actriz que no frecuente de manera regular estos cuatro terrenos está en situación de peligroso estancamiento.

Hablo del actor que no sólo se conforma con trabajar habitualmente para poder ganar dinero con el que sobrevivir; me refiero al que entre sus ambiciones está el evolucionar en su calidad, ser cada vez mejor.

Tomando la comparación, por ejemplo, con un pianista, el ejercicio sería como hacer escalas al piano, coger habilidad y rapidez en los dedos para poder realizar con facilidad las complejas partituras de Bach, donde se requiere una ejecución muy rápida en los prestos. Es decir, el ejercicio es la práctica mecánica, la repetición continua para que el cuerpo sea capaz de ejecutar sin pensar; convertir lo complejo en sencillo; y la ejecución de eso complejo en “algo natural”.

El entrenamiento es el estudio y práctica de un material sin la responsabilidad de que vaya a ser presentado ante el público; como por ejemplo cuando el pianista coge una partitura concreta, la estudia,  practica y prueba posibilidades sin el miedo a equivocarse porque no va a presentarla en directo. También entrenamiento es probar nuevas técnicas para comprobar su eficacia. Los actores deberían atender a ese aspecto, en formato de talleres, cursos, agrupándose etc. Se trata de encontrar espacios donde si por ejemplo nunca se ha trabajado clown, verso, teatro musical, textos de Koltés o Chejov, o Shakespeare etc, poder permitirse el lujo de probar y practicar sin miedo a equivocarse.

El ensayo es como cuando nuestro pianista toma unas partituras y las prepara sabiendo que va a realizar un concierto y asumiendo esa responsabilidad; con lo cual es el momento de las decisiones. Si en el entrenamiento se prueban posibilidades en el ensayo hay que optar por alguna de ellas. Se trata de asumir la responsabilidad de que el trabajo se va a presentar ante el público y para ello se prepara, se busca, se practica y se decide. El ensayo es también el lugar del acuerdo; con el director, con los demás actores, y profesionales que participan en el proyecto; y además el momento para amoldarse al espacio, la luz, el vestuario, las marcas de dirección, encontrar los ritmos etc.

La actuación es el momento de presentación del trabajo ante los espectadores; donde uno se entrega a ese momento presente y se compromete con él ofreciendo generosamente su trabajo y a sí mismo. Ese momento de encuentro de interpretes  y espectador, único, efímero, en directo, en el presente, es donde reside lo particular, especial y el gran valor del teatro.

He conocido a actores que al finalizar sus estudios no han tenido la suerte de trabajar de forma regular y su inquietud les lleva a ejercitarse y entrenarse haciendo un taller tras otro, en una suerte de “cursillitis”. No estoy en contra de esto, pero si esos actores no frecuentan el ensayo y la actuación se encasillarán por muchos cursos o talleres que realicen. En ocasiones me pregunto si no sería mejor que las quince personas, que se encuentren en esta situación, y que puedan estar participando de talleres, dedicaran el dinero del coste del taller a invertirlo en una producción de pequeño formato donde puedan presentar su trabajo en un Centro Cultural o Sala.  

Y por otra parte hay actores que tienen la suerte de enlazar un trabajo con otro; y llegan a despreocuparse de seguir formándose… creo que ellos también acaban estancándose; y ocurre que cuando los ves sobre el escenario no te sorprenden en absoluto porque siempre abordan el trabajo de la misma manera.

Evidentemente la evolución como actor no depende exclusivamente de atender a estos cuatro aspectos (ejercicio, entrenamiento, ensayo y actuación). Seguro que hay otros factores que influyen… es simplemente una manera de simplificarlo. Para ser actor y para evolucionar se requiere un enorme esfuerzo; pero “esfuerzo” no es lo mismo que “sufrimiento”. Esforzarse también puede ser disfrutar haciendo el ejercicio, pasárselo bien entrenando, alegrarse de descubrir algo en un ensayos y divertirse haciendo la función.

Un abrazo.

Ernesto Arias.

3 comentarios:

  1. REFLEJO!!! Creo que esa es la clave, Ernesto. Ensayar, practicar, entrenar, hasta que lo ensayado, practicado y entrenado se convierta en un acto reflejo, en un acto consciente pero que se ahorre la necesidad de pensarlo. Para que toda nuestra atención se concentre en todo lo demás, que es mucho.
    Compañero, seguiré este blog por puro reflejo.
    Un abrazo

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  2. estoy de acuerdo contigo ,...
    el actor es el unico que cuando le preguntan,...en qué trabajas?contesta..intento ser actor,.. o quiero ser actor,..o me preparo para ser actor,..
    porque nuestra profesión nunca se acaba de estudiar,..y se aprende de todo lo que se hace día a día en la vida cotidiana.

    gracias por tu aportación en el elenco .

    besito
    sandra(xinita)

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  3. Muchísimas gracias por vuestros comentarios y aportaciones. Estoy de acuerdo con de que todo se convierta en un "acto reflejo"; pero hay que tener cuidado en el escenario con que las cosas se hagan "por inercia" o "mecánicamente".
    Creo que no es exclusivo de nuestra profesión el que nunca se acaba de estudiar, supongo que es algo que ocurre en muchas profesiones; pero si creo que cualquier episodio de nuestra vida, por pequeño que sea puede enriquecernos en nuestro oficio; y eso no sé si se puede decir lo mismo de otras profesiones.
    Un abrazo.
    Ernesto Arias.

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